Las Siete maravillas de Bolivia

A alguien se le ha ocurrido la genial ideal de volver a buscar las sietes maravillas del mundo, ¿es por que posiblemente las de antes apenas ya las recordamos? ¿es una operación de marketing cultural-turístico-festivo?

Bueno, pues en vista de que seguro que cada país va a defender lo que considera para si su maravilla, he querido recoger una posible lista de maravillas de Bolivia que por casualidad de la vida me he encontrado en internet (donde dicen que hay de todo, hasta maravillas) en un blog de una persona que tuve la oportunidad de compartir programa hará un par de años en KARAKIA (http://elforastero.blogalia.com/historias/50778), y del cual me declaro fan de su blog, ya que tiene cosas muy interesantes.

Puede que no estemos de acuerdo con dicha lista y falten o consideremos que no son tales maravillas, pero la verdad es que son patrimonio de la humanidad y tienen una belleza que sólo puedo animar a que las visitéis, he aquí el articulo en cuestión.

LAS SIETE MARAVILLAS DE BOLIVIA

Soy un valluno, un tipo que vive en el valle y disfruta del clima que esta región ofrece, de los paisajes, de la gente y hasta de la comida. El entorno que me rodea es único en relación con otras regiones de mi país, lo que hace posible que me sorprenda como solo podría hacerlo un niño, cuando visito cada vez que puedo La Paz, o compartimos travesías de semanas por el oriente boliviano; y en lo burdo que pueda sonar, no encuentro otro adjetivo que pueda calificar a la sorpresa que me genera visitar estos lugares de todos, que no sea el de bueno, la buena sorpresa, la que llega y queda en la memoria, y de la que he de prestarme algunos archivos para tratar de identificar a estas maravillas.

La primera maravilla, aunque parezca un acto ocioso, es La ciudad de La Paz, y digo ocioso por que alguien podrá pensar en La Paz, o “dentro” de la ciudad misma existen construcciones que merecen el grado de maravilla, y sin embargo la mano del hombre ha tallado un paisaje que la naturaleza ya tenía dominado para hacerlo cada vez más suyo. La ciudad emplazada en medio del altiplano, en el lugar más imposible, una hoyada, una grieta, escabulléndose del mismo, reflejando la luz del sol en las diferentes gamas de colores y texturas que tiene sus superficies, la hacen más que maravillosa, fantástica.

Tiawanaco una de las edificaciones humanas más antiguas conocidas. Cosa notable para ver, estamos acostumbrados a sólo contemplarla cuando en realidad deberíamos apropiarnos en cuerpo de cada edificación que la componen. Tiawanaco es “el” lugar, centro ceremonioso, de culto, de testimonio del hombre entendedor de los viajes lunares para regar sus cultivos, de los ingresos del sol para destapar el alma. Tiawanaco trasciende el lugar construido, para volverse testimonio de cuán etéreo es el paso del hombre por la tierra.

En este afán urbanista de calificar a ciudades como maravillas, es necesario mencionar a dos “cascos viejos”, o dos centros de ciudades, la primera es el casco viejo de la ciudad de Potosí. En Potosí sé que el que busca arquitectura para regocijarse encontrará por cantidad, pero es precisamente esa búsqueda la que le quedará marcada. Recorrer el casco viejo potosino es un viajar en el tiempo y sumergirse en los imaginarios que construyeron en el principio a Bolivia, cuando esta ciudad era una de las más grandes del mundo y su riqueza trajo placer y dolor a mucha gente.

La segundo ciudad digna de llevar el título de maravilla es Sucre. Una ciudad que renuncia a su pasado colonial, y se baña del blanco que trae una arquitectura como lo es la Neoclásica, acompaña de los aires que trae la independencia del país, la fundación de la nueva República y el corazón de lo que conformará Bolivia.

En las travesías por el oriente, más allá del paisaje de llanura podemos encontrar una red de misiones que han sabido interpretar el lugar y enviar el mensaje evangelizador exitosamente. Las misiones Jesuíticas y sus iglesias son la muestra sincera de una intervención que incluye el paisaje, la arquitectura, y la gente. El grado de confort de estos lugares puede que no sea equiparado por alguna construcción sacra de su tiempo. Su inserción no va acompañada de la mancha que a veces deja la presencia del hombre en la virginidad del paisaje, respetando materiales y formas, casi confundiéndose con los templos naturales bajo las bóvedas de los árboles.

Ahora el valle de Cochabamba, trae arquitecturas que tipifican un modo de vida que nos es heredado producto de la conquista española. Sin embargo la presencia de la sexta maravilla escapa a esta tradición, ya que el Rey del Estaño, Simón I. Patiño, decide traerse al valle, mansión, jardines, y paisaje de un entorno ajeno al nuestro y de orígenes franceses de alcurnia y aristocracia teñida de la luz de la ilustración. El palacio de Portales en Cochabamba si bien no es una muestra de lo que identificaría a la arquitectura del valle, es la muestra arquitectónica que mejor ha sabido integrar el jardín de la “casa” y de alguna manera entintar el sentido de ciudad jardín que sigue siendo la pauta de construcción espacial en la ciudad.

La séptima maravilla, es a mi parecer, producto de la construcción de necesidades, de fuentes de vida, y de maneras de participar en los espacios, si bien caótica, propia e intrínseca además uno de los mercados cubiertos más grandes del planeta. La Cancha cochabambina, o ese mercado bañado de aromas, hedores, colores, texturas, sonidos, ruidos, es algo que crece de manera casi incomprensible y sin embargo compatible con lo que ofrece. Lo ofrece todo y nada, y pasear por este lugar puede ser una aventura que cobra mayor vida aun durante los días de mercado, y que al transcurrir el tiempo sólo queda saber que hemos sido parte de su misma construcción.

Si bien las maravillas son edificaciones como tales, importantes y reconocidas por todos, también creo que podemos interpretar una maravilla cuando su gente participa de ella y se vuelve material de la misma. Material que trasciende propiedades físicas y le brinda la esencia a todo espacio maravilloso que se tilde de tal.

Menciones Honrosas:

1. Los anillos de Santa Cruz.
2. El mural del templo de San Lorenzo.
3. La casa de la moneda en Potosí.
4. La Calle jaén en La Paz.
5. El puente de las américas.
6. El cristo de la concordia.
7. Universidad San Francisco Xavier.

 

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